miércoles, 12 de diciembre de 2012

PALAO BERASTAIN EXPONE NUEVAMENTE EN MIRAFLORES



Luego de muchos años de ausencia, el genial acuarelista  arequipeño Luis Palo Berastain expone nuevamente sus obras en la galeria de arte "Eduardo Moll" de Miraflores. Una nueva oportunidad para los amantes del arte -y en especial para los seguidores de este genial acuarelista- de admirar sus últimas 12 obras.

Luis Palao Berastain: "Faltan pintores que pinten el cielo mientras siga azul"

Desde Arequipa, el Maestro errante de las acuarelas reflexiona sobre su peculiar arte y sobre la selección de sus obras que se expondrán desde hoy en la galería de arte Eduardo Moll

Por: CATHERINE CONTRERAS

Una parte del acuarelista errante está en Lima. Son 12 pinturas suyas las que han llegado desde Arequipa a la galería de arte de Eduardo Moll, donde se inaugura hoy su muestra individual número 12. El barbado artista no ha venido; sabemos que evita la capital. De hecho, hace 12 años que no la pisa. Pero le robamos 30 minutos de conversación telefónica.
¿Dicen que está en Arequipa hace tres años?
Bueno, estoy un poco en Arequipa, dando vueltas por ahí, un poco, también. No tengo un lugar fijo.
No es que se haya vuelto citadino…
No, no, para nada. Al contrario. La ciudad no, ¡Dios mío! No creo que haya espacio en la ciudad para alguien que está vagando nada más. Lo que pasa es que allá en Calca la cosa se puso media incómoda: hubo una señorita que escribió en una guía de turismo el nombre Luis Palao, acuarelista y Calca, y yo no lo sabía, y de pronto tocaron la puerta de donde yo vivía, eran unos gringos, ¡ay no! Y les dije que yo no vendía cuadros, y que me dejen en paz. Y otra vez, igual.
Eso alteró su tranquilidad…
Sí, porque la verdad yo no sé tratar con esa gente, con turistas y esas cosas. Entonces me fui a otro sitio, estuve dando vueltas, y de pronto encontré otro sitio, y en esas ando rodando.

¿El señor Eduardo Moll (galerista que expone desde hoy su obra) me contaba que “La Rosa de los Vientos” es el nombre de un restaurante?
En un momento unos amigos medio vagabundos hicieron un pequeño lugar donde comíamos, tomábamos y cocinábamos. Se llamaba La Rosa de los Vientos. La última vez que estuve por allá -porque todo esto es una cosa como de nostalgia- quise dibujar las espadañas con las campanas, el Monasterio de las madres al costado, el callejón de las Siete Culebras que tiene ahí como 50 años y al otro lado el Seminario de San Antonio. Se me pasaban los días, y el año pasado quise dar una vuelta por ahí y dibuje apoyado en la pared donde estaba el restaurante (que ahora ya no existe). Entonces para mí era lo que se veía de La Rosa de los Vientos, de la puertita, frente a la Plaza de las Nazarenas. La intención era, qué se yo, estas cosas que arriba hay mucho cielo, mucha lluvia, encima las piedras que pusieron los españoles, con las campanas, las tejas, el barro, las puertas, las ventanas y abajo los muros incas que es un lienzo de piedras que tienen miles de ángulos. Entonces me pasaba dibujando todo lo que se podía, y después salpicarlo de agua así como llovía… Y bueno, uno lo hace para su propia recreación, no para la gente, ¡para nadie! Con el dolor de mi alma mandé estas pinturas.
¿Se le hace muy difícil separarse de sus obras?
¡Es horrible ah! Claro, lo ideal sería, qué sé yo…
¿Prestaditas nomás?
No, ni prestadas. Si se da cuenta, de todos los dibujos del Cusco que hice este año quedan unos más acertados que otros. Muchos tienen más errores que el que está ahí, y mucho se estudian los detalles de las puertas y las ventanas, hasta que por fin se construye uno, ¿no? Y de ahí me fui a Coporaque, donde hay otro paisaje todo extendido, con un campanario en el centro. Regresé por Ollantaytambo, cargando los cartones, los papeles, y después ir a Paucartambo a pintar a Josefina que canta, y después a Chumbivilcas a pintar un retrato de Fortunato que es un hombre que fue un domador de caballos, torero, agricultor, constructor de casas, y estaba parado frente a mí, y siempre lo he dibujado durante años. Entonces, estas cosas tan sencillas que son 10 o 12 pinturas es el recorrido de, si usted agarra un mapa y ve, los dos hombres que están con sombrero de paja los he pintado aquí en dos arenales de Arequipa, y justamente un pueblo se llama El Arenal y el otro Cocachacra. Los de Cotahuasi, que allá hay una cotahuaseña, y subí allá para pintar…

¿Qué carga en su mochila usualmente cuando sale a los pueblos?
Bueno, no es que salgo. Salí cuando tenía 15 años de mi casa, pues. No salgo porque ya no voy a buscar, o sea es lo que uno encuentra. Lo que llevo es algo muy simple: un block de apuntes como cuando uno iba al colegio, una cajita de acuarelas, un plato de lata para poner los colores que uno va preparando, los pigmentos que son tierras de colores que yo preparo, un poco de goma, un poquito de glicerina si lo hubiera, un par de brochas, lápices normales y papeles que los venden también por aquí y por allá, dos hojas … Antes llevaba una banquita, pero ya la verdad que la edad, ya es demasiado.
¿El 18 va a estar de cumpleaños: cumple 69 años?
Sí, Dios mío, y no me recoge no sé por qué.
¿Pero si todavía tiene tanto que aportar?
Yo no tengo tanta seguridad en eso, eh. Y bueno, la mochila que con el tiempo se vuelve más llena de remedios que de colores. Si antes había una pequeña bolsa al lado izquierdo para llevar remedios, pastillas para el dolor de cabeza, para el estómago, qué se yo, y al otro lado estaban chisguetes y brochas, ahora hay que llevar más remedios que colores. Gracias a Dios no los uso, pero hay que llevarlos.
¿Siempre hay que estar listo no?
Y después una bolsa de dormir y pedir alojamiento o qué sé yo. Y subirse a un ómnibus… Yo prefiero ir en camión siempre, más holgado, más tranquilo, es más amplio y va más lento, se puede mirar mucho más. O sea cuanto más demora el viaje se mira más. Por ejemplo, Coporaque, estaba seguro de que iba a bajar en el pueblo, pero cuando vi toda esa pampa de casas viejas, y piedras y adobes y techos, y la gran nave de la Iglesia, llena de calaminas destartaladas, y el templo que todavía estaba parado. Todo ese horizonte, cerca de Chumbivilcas, entre Sicuani y un pueblo que se llama Arenilla y después queda Coporaque… inmediatamente hay que gritar al chofer ¡bajan, bajan! Y me dicen ‘¿pero no ibas al pueblo?’. ¡Ya voy después, ya! Y cuando me quedé en el suelo, pucha, había un montón de tierra encima mío, que casi lo tapaba el tema. Pero del camión, de arriba, se miraba bien. Pero dije, tierra o no tierra, ahí al borde del rio me iba a dibujar. Entonces, uno nunca sabe dónde se va a parar a dibujar. Y bueno, ahora que eso llegue hasta Lima, donde el Sr. Moll, que amablemente nos invita. Pero si no estarían amontonados los papeles en el cuarto del hotel o dejados en Calca, en Cotahuasi, en Chumbivilcas, en Coporaque o en El Arenal aquí en la costa. Era difícil escoger unas pinturas.

¿La selección que ha hecho le gusta mucho a Ud.?
Yo no sé si pictóricamente sean buenas, la verdad. Yo no he estudiado pintura, nunca he ido a una escuela de Bellas Artes, no he tenido maestros para que me formen. Lo he tratado de hacer prácticamente con lo que algún profesor en el colegio, en la escuela primaria, me enseñó a hacer acuarela. O sea puse un poco de pigmento que compramos en la ferretería, un poco de goma y glicerina que compramos en la farmacia, y mi madre que era enfermera y mi madre médico que me decían más o menos dónde podía encontrarla… Y mezclar y en pequeños pomitos de vidrio hacer la mezcla, cerrarlos, ponerlos ahí, y pintar con pinceles que el profesor nos hacía con pelos de las orejas de buey o vaca que se metían en pequeñas cañas que son las de las plumas de las gallinas o de los patos, y se amarraban ahí y se hacían pincelitos. Y creo que es la misma fórmula hasta el día de hoy.
¿Usted mismo hace sus pinceles?
Muchos de los pinceles los prefiero hacer yo. Los hago un poco más largos, y si se gastan los voy jalando. No es cosa del otro mundo, es que me gusta que queden un poco toscos. Los veo que son tremendamente fuertes y los pinceles son dos sobadas y… mientras que yo amarrándolos así cada vez puedo agarrar más y puedo poner más cola, y siguen trabajando. Bueno, había un tratado de pintura del año 1,400, la época de Leonardo, y con esas fórmulas se preparan también los lienzos. Yo nunca he pretendido ser un pintor, señorita, primeramente.
Eso es lo que he leído de usted…
Solamente me ha gustado representar y pintar, porque cómo no voy a… O sea, lo que yo pinto es de lo que me quedo embobado: al mirar esa arquitectura del Cusco, así tan fantástica; cómo no voy a dibujar a una chiquita con su falda bien grandota porque la heredó de la hermana mayor. Es pintura que por supuesto no tiene nada que hacer hoy en día con el arte contemporáneo, igual aquí en Arequipa o en el Cusco, pero miran esto, no sé, no sé por qué el Sr. Moll me invita.
Pero en Arequipa yo vi una vez una obra suya en el Museo de Arte Contemporáneo…
Pusieron una, sí. Pero exponer el trabajo que he recorrido este año, así como un poeta escribe un poemario. El cuartel de invierno, por decir, aquí en la casa de mi hermano, que me hospeda cada vez que aparezco, como muchas otras personas en otros pueblos, donde me van hospedando, me van reteniendo…
¿Y dígame, el apellido Palao de dónde es?
Es de Arequipa. Mi padre era de Arequipa, mi madre era de Lima. Por eso tampoco nunca me he sentido arequipeño, no me identifico con Arequipa. Porque mi madre era de Lima y la familia Berastaín está en Lima. Siempre que he ido al callejón de Huaylas, Cajamarca, Piura, Trujillo, siempre he ido donde mis primos Berastaín. Usted sabe que la madre es la que manda al final, y ella no va a cocinar como arequipeña, sino limeña. Pero me ponen pintor arequipeño.
¿Entonces se siente más limeño?
No tanto más limeño. No puedo decir, o sea todas las cosas que mi madre me ha enseñado, me ha aconsejado, me ha cuidado, me ha ayudado a pintar mientras ella bordaba o cocía. Todo ese bagaje cultural que uno recibe de la madre, es como negar lo de uno solo. No digo que por el lado de mi madre había más arte o menos arte, pero lo había.
¿Hace cuánto que no viene a Lima a ver a su familia?
Desde el 2000 que no voy. Tengo ganas de ir para viajar a Cajamarca. Yo he ido a pintar a Cajamarca pero sin pasar por Lima una vez, fui en avión porque quería ir rápido. Tengo ganas de ir a pintar a Piura. Cómo no voy a ir a Cajamarca, la tierra de Sabogal , el valle de Cajabamba, todas esas cosas que siempre digo este año lo voy a hacer, pero uno se pone a pintar una acuarela y se demora días de días de días, está contemplando, pintando, quitando y poniendo.
Pero ahora que empieza su nuevo año puede tratarse una meta…
El próximo año sí, ¡me voy a largar para el norte! Yo ni miro televisión ni compro periódicos ni revistas ni escucho radio ni nada, porque si miro una figurita de Carhuaz, por decirle, donde era pintor Teófilo Castillo, los nevados, ya quiero estar ahí. Uno se muere de ganas de ir allí. Si paso por el kiosco y de repente veo una foto que hay problemas, Cajamarca, Huanta, el nombre nomás. Me han hospedado ahí amigos, pintores, ¡yo quiero estar ahí! Creo que este año voy a ir. No puedo salir del Perú. Tengo ganas aquí. Huancavelica, Ayacucho, que tampoco he ido este año.
¿Y la selva no le llama?
He pintado ya, en una época. Cuando estaba en Paititi estuve haciendo dibujos, pinté cosas, personas, pero el clima y la salud, las enfermedades que ni quiero hablar de eso.
¿Cómo está su salud?
Bastante fregada. Pero hay gente que está en peores condiciones. Siempre hay que agradecer. Debemos tantas cosas, yo no uso la inteligencia, me llevo más por el instinto, por la ilusión. Pero tengo demasiada salud para todo lo que he caminado. Ojalá que le agrade a las personas lo que se ha recolectado en el camino.
Lo van a ver en esta muestra que inauguran en galería Moll…
Hay tantas personas por los pueblos que hay que pintarlas, tantos campesinos que están trabajando que creo que alguien los tiene que pintar; tantas niñitas que hay por ahí pobres, no en dinero, que necesitan que alguien las dibuje; hay tantas casas que se van a caer que necesitan un dibujante, porque de repente un alcalde las va a cambiar, las va a arrancar, va a hacer un edificio. Yo creo que hace falta muchos jóvenes, pero creo que ya no les gusta pintar estas cosas. Ojalá que haya alguien que siga pintando las gentes, a sus padres, a sus hijos, a la mujer que quieren, que pinten el cielo mientras siga azul. Uno se tiene que acabar, porque al final nadie queda. Mi padre decía “te vas a acabar pronto, porque tú has prendido la vela por los dos cabos”. Gracias a todos, prácticamente lo que yo solo he hecho ha sido garabatear y manchar los papeles…
EL DATO
La muestra “Acuarelas recientes 2012”, integrada por 12 obras (tres paisajes y nueve retratos), se inaugura hoy en Larco 1150, int. 13, Miraflores. Puede visitarse de lunes a sábado de 11 a.m. a 2 p.m. y de 3:30 p.m. a 8 p.m.
(Tomado de "El Comercio", de Lima) 

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